Lanzarote es, junto a Fuerteventura, la isla más antigua de Canarias: lleva unos quince millones de años fuera del agua. Nació del fondo del océano como nacen todas las Canarias — erupción a erupción — y en realidad empezó siendo dos islas: un macizo al sur (Los Ajaches) y otro al norte (Famara), que erupciones posteriores y un río de arena acabaron cosiendo. Su edad explica su silueta: millones de años de viento y olas la han ido puliendo hasta dejarla baja y elegante. Y guarda un secreto de familia: cuando el nivel del mar bajó en las glaciaciones, Lanzarote y Fuerteventura fueron una sola gran isla. Los científicos la llaman Mahan.
Todas las Canarias son volcanes nacidos del fondo del Atlántico, pero no todas tienen la misma edad. El archipiélago se construyó de este a oeste: las orientales son las veteranas y las occidentales las recién llegadas — El Hierro, la benjamina, apenas supera el millón de años. Lanzarote emergió hace unos quince millones, lo que la convierte, con Fuerteventura, en la decana del archipiélago. Para ponerlo en perspectiva: cuando esta isla ya tomaba el sol, a nuestros antepasados les faltaban todavía más de diez millones de años para bajarse de los árboles.
Su biografía tiene dos protagonistas. Primero emergió el edificio de Los Ajaches, el macizo del sur, cuyas cumbres redondeadas se asoman hoy sobre las playas de Papagayo: son las rocas más antiguas de la isla. Después, más al norte, creció el macizo de Famara, la gran muralla que hoy mira a La Graciosa. Durante mucho tiempo fueron dos islas separadas; erupciones posteriores fueron rellenando el hueco entre ambas, y el corredor de arena de El Jable acabó de tender el puente. Lanzarote es, literalmente, dos islas casadas por los volcanes.
La edad explica su aspecto. Una isla volcánica joven es alta y abrupta — el Teide supera los 3.700 metros. Una isla veterana ha tenido millones de años de viento, lluvia y oleaje trabajando en su contra: los edificios se desmoronan, los barrancos se abren, los acantilados retroceden. El punto más alto de Lanzarote, las Peñas del Chache, se queda en 671 metros. Esa baja estatura tendrá consecuencias enormes en otro capítulo: es la razón de que llueva tan poco.
Y luego está el secreto de familia. Durante las glaciaciones, con medio planeta congelado, el nivel del mar llegó a bajar más de cien metros. El estrecho canal de La Bocaina, que separa Lanzarote de Fuerteventura, quedó en seco: las dos islas y sus islotes formaron una sola isla enorme, que los científicos llaman Mahan. Plantas y animales cruzaron caminando de una a otra, y tanto tiempo compartido explica por qué las dos hermanas comparten hoy tantas especies exclusivas — el lagarto atlántico, la musaraña canaria, la hubara.
La historia, por cierto, no ha terminado. Las erupciones de 1730 y 1824 añadieron el capítulo más reciente, y el archipiélago entero sigue vivo — en 2021 nació volcán nuevo en La Palma. Lanzarote es veterana, no jubilada: quince millones de años y sumando.
