LMA

Vela: navegar el mar de los alisios

Lanzarote · 3 min de lectura

Vela: navegar el mar de los alisios

Lanzarote se descubrió a vela — literalmente: aquí llegaron fenicios de leyenda, genoveses medievales y conquistadores normandos — y seis siglos después sigue siendo tierra de velas. Sus aguas son un aula perfecta: alisios fiables, mar abierto sin arrecifes traicioneros y puertos deportivos de primera en Arrecife y Playa Blanca. Cada otoño, decenas de veleros de bandera europea hacen escala aquí antes del gran salto: cruzar el Atlántico. Los niños de la isla aprenden en optimist en la bahía de Arrecife, los visitantes alquilan catamaranes con patrón para la jornada perfecta — Papagayo, fondeo, atún a bordo — y los románticos siguen buscando en el horizonte la silueta de un velero antiguo. Aquí, izar una vela es citarse con la historia.

Hay islas donde la vela es un deporte; en Lanzarote es el idioma original. Todo lo que llegó a esta isla durante dos mil años llegó empujado por el viento: las naves antiguas que comerciaban con los majos, la expedición de Lancelotto Malocello, las carabelas de la conquista, los bergantines de la sal y de la cochinilla. El alisio — ese viento del nordeste fiable como un reloj — fue durante siglos la autopista de entrada y salida. Hoy los motores mandan en el transporte, pero la cultura permanece: pocas aguas europeas ofrecen condiciones tan nobles para navegar a vela durante todo el año.

El mapa náutico actual tiene tres capitales. Marina Lanzarote, en Arrecife, es el puerto urbano: varadero técnico de nivel internacional y pantalanes donde cada otoño se alinean veleros de media Europa preparando la aventura de sus vidas — la travesía del Atlántico. Canarias es la última parada clásica antes del salto a las Américas, la misma lógica de los navegantes de hace cinco siglos, y en los muelles se respira ese ambiente de mapas, listas de provisiones y nervios felices. Marina Rubicón, en Playa Blanca, es la elegante del sur: regatas propias, escuela de vela y la flota de charter más completa. Y Puerto Calero completa el trío con su sello deportivo. Alrededor, los clubes náuticos — con el Real Club Náutico de Arrecife como decano centenario — mantienen viva la cantera: las tardes de viernes, la bahía de Arrecife se llena de velas blancas diminutas, niños y niñas de la isla aprendiendo en optimist lo que sus tatarabuelos sabían por oficio.

¿Y el visitante? Tiene el mar servido en todos los formatos. El plan estrella son las excursiones a vela hacia Papagayo: catamaranes que salen de Puerto del Carmen o Playa Blanca, fondean en las calas turquesa, y devuelven a puerto gente más feliz y ligeramente más salada. Los que saben navegar pueden alquilar velero con o sin patrón y hacerse la ruta soñada: la costa de Timanfaya desde el mar — las lavas cayendo al Atlántico —, o la travesía al Río para dormir fondeados frente a La Graciosa (con los permisos del parque en regla). Y los que quieren aprender de verdad encuentran escuelas homologadas donde sacarse titulaciones con el mejor profesor posible: un alisio constante que nunca cancela la clase.

Un apunte para la mirada: desde cualquier acantilado del este, al atardecer, se ven las velas volviendo a puerto con el viento de popa. Es la misma imagen — exactamente la misma — que vieron los majos, los piratas y los salineros. Algunas postales no necesitan actualización.

Descubre Lanzarote con LMA

Más historias

Una isla esculpida por la naturalezaBlanco, verde y volcánico: la arquitectura de LanzaroteCésar Manrique: el artista que dio forma a una islaUn océano de aventurasLa vida bajo las olasMil años de historiasEl Sabor de un VolcánUna Playa para Cada Estado de ÁnimoVino Cultivado en CenizaLa Isla que Eligió ContenerseDonde los Atletas Vienen a SufrirLas Personas que Hicieron esta IslaLas Montañas del FuegoEl cangrejo ciego: blanco, diminuto y único en el mundoVisitantes ilustres: un palacio regalado entre reyes y la casa que Omar Sharif perdió a las cartas2.053 días de fuego: la crónica de las erupcionesCultivar sin lluvia: la ingeniería campesina que asombra al mundoEl jardín colgante de FamaraMedio volcán, un lago verde y una costa que rugeLos líquenes y las tabaibas: así vuelve la vida después de un volcánEl diablo de Timanfaya y la Virgen que paró la lavaHijos ilustres: el físico de Einstein, la voz de "El talismán" y el barbero de HaríaLa isla que los piratas no dejaban en pazEl viento que lo explica (casi) todoSurf: El Quemao, Famara y la ola que respetan los campeonesPuerto del Carmen: el pueblito pesquero donde empezó todo (y la esquina de los loros)Sobrevivir sin lluvia: los trucos de las plantas costerasCriaturas de otro mundo bajo tus piesQuince millones de años: la veterana del archipiélagoMalpaís, lajial, hornitos: aprende a leer las lavasEl túnel de lava que se mete en el mar600 grados bajo tus zapatosDonde los astronautas aprenden a pisar otros mundosEl oro blanco: las salinas que alimentaron a media flotaLa cochinilla: el insecto que tiñó de rojo a media EuropaLa Graciosa: la octava isla, sin asfalto y sin prisa¿Quién vive en la isla (y quién la visita)?Ciclismo: el gimnasio de invierno de los profesionalesEl calendario de la isla: un año entero de fiestas y eventosMareas: el océano respira dos veces al díaAloe vera: la farmacia verde de la islaLos guardianes de la isla: proyectos que la cuidanCuentos del diablo de TimanfayaLa mayor reserva marina de Europa está aquí al ladoMás allá del turismo: lo que la isla exporta