LMA

César Manrique: el artista que dio forma a una isla

Lanzarote · 2 min de lectura

César Manrique: el artista que dio forma a una isla
Foto: LastMinuteAdventure

Pocos lugares del mundo llevan la firma de un solo artista como Lanzarote lleva la de César Manrique. Pintor, escultor, arquitecto y activista, no se limitó a decorar su isla: cambió la manera en que la isla piensa en sí misma.

Manrique nació en Arrecife en 1919 y creció nadando en sus puertos y explorando los malpaíses volcánicos. Tras estudiar arte en Madrid y pasar una temporada en Nueva York entre los gigantes del arte moderno, regresó a casa a mediados de los años sesenta con una convicción que sonaba imposible: Lanzarote, entonces una isla pobre y poco conocida, podía convertirse en uno de los lugares más hermosos del planeta, si se negaba a imitar a nadie.

Su método fue radical para su época: dejar que la naturaleza mande y que el arte la siga. En los Jameos del Agua transformó un túnel volcánico derrumbado en un espacio de ensueño con jardines, una piscina blanca y un auditorio suspendido dentro de un tubo de lava, hogar de diminutos cangrejos ciegos albinos que apenas existen en ningún otro lugar. En el Mirador del Río escondió un balcón panorámico dentro de los riscos de Famara, de modo que la arquitectura desaparece y solo queda la vista: el estrecho de El Río y la isla de La Graciosa. Su propia casa, en Tahíche, se construyó dentro de cinco burbujas volcánicas dejadas por una colada de lava; hoy alberga la Fundación César Manrique. Su última gran obra, el Jardín de Cactus, convirtió una cantera abandonada en un jardín en espiral con más de mil cactus.

Te lo encontrarás incluso en las rotondas: sus juguetes del viento son esculturas metálicas y juguetonas que giran con los alisios, un recordatorio de que aquí el arte pertenece a todos, no a los museos.

Igual de importante fue lo que Manrique evitó. Hizo campaña sin descanso contra los edificios en altura y la contaminación visual, y ayudó a mantener Lanzarote baja, blanca y a escala humana. Cuando murió, en 1992, la isla que había imaginado ya era real, y en 1993 la UNESCO la reconoció como Reserva de la Biosfera.

Viajar por Lanzarote es mantener una conversación con Manrique. Su respuesta está en todas partes: primero la naturaleza, siempre.

Descubre Lanzarote con LMA

Más historias