La lava no es toda igual, y cuando aprendes a distinguirla, la isla entera se convierte en un libro abierto. Hay lava "de picos" — el malpaís, un caos de rocas afiladas que los isleños llamaban así porque no servía para nada — y lava "de cuerdas" — el lajial, liso y ondulado como chocolate fundido que se quedó quieto. Hay hornitos, chimeneas de duende construidas por salpicaduras; bombas volcánicas con forma de balón de rugby que volaron girando por el aire; y el picón, esa gravilla negra que cubre media isla y que hizo posible su agricultura. Este card es tu diccionario básico de volcán: cinco palabras y de repente el paisaje habla.
Primera lección de vulcanología isleña: la lava tiene dos caracteres, y en Lanzarote conviven los dos. Cuando avanza caliente, fluida y rápida, forma superficies lisas, brillantes, con pliegues como cuerdas de barco: es el lajial (los geólogos lo llaman lava pahoehoe, palabra hawaiana). Caminar por un lajial es pisar un mar de chocolate solidificado — se ven las ondas, los remolinos, hasta las "salpicaduras" congeladas. Cuando la lava avanza más fría, lenta y pastosa, su costra se rompe una y otra vez, y el resultado es el malpaís (lava aa): un caos de bloques afilados, imposible de cruzar, que corta las botas y la paciencia. El nombre lo pusieron los campesinos, y es honesto: "mal país", tierra que no vale ni para cabras. Hoy sabemos que vale muchísimo — como hábitat y como archivo geológico —, pero la palabra se quedó, y de Canarias saltó a la vulcanología mundial.
Segunda lección: los detalles. Los hornitos son pequeñas chimeneas de dos o tres metros construidas por la propia lava cuando, al pasar sobre humedad, escupe salpicaduras que se van soldando en torre — parecen esculturas de barro hechas por un gigante con prisa. Las bombas volcánicas son pegotes de lava lanzados en pleno vuelo: giran en el aire, se afilan por los extremos y aterrizan con forma de balón de rugby o de huso; las hay desde un puño hasta una lavadora. Y las coladas esconden túneles: cuando la superficie se enfría pero el interior sigue fluyendo, la lava se vacía como un grifo y deja un tubo — así nacieron la Cueva de los Verdes y los Jameos.
Tercera lección, la más isleña: el picón. También llamado rofe o lapilli, es esa gravilla negra y porosa que las erupciones lanzaron en cantidades astronómicas y que hoy cubre campos enteros. Cada piedrecita es una gota de lava llena de burbujas de gas — por eso pesa tan poco y por eso es una esponja: de noche condensa el rocío y lo entrega despacio a la tierra de debajo. Los campesinos convirtieron esa propiedad en un sistema agrícola único en el mundo, los enarenados, que tienen su propio card.
Con este diccionario, un paseo cualquiera cambia. Esa llanura rota que bordea la carretera: malpaís. Aquella superficie acordonada junto al sendero: lajial. La torrecita solitaria: hornito. El "grano" negro de los campos: picón. La isla lleva tres siglos contándote su última gran erupción — solo hacía falta el idioma.
