LMA

El oro blanco: las salinas que alimentaron a media flota

Lanzarote · 3 min de lectura

El oro blanco: las salinas que alimentaron a media flota

Ese tablero de ajedrez rosa, blanco y ocre junto al mar del suroeste no es arte moderno: son las Salinas de Janubio, las mayores de Canarias. Antes del turismo, la sal era el petróleo de la isla — sin ella no había forma de conservar el pescado, y la flota que faenaba en África dependía de estos cristales. Janubio llegó a producir miles de toneladas al año con una tecnología perfecta: mar, viento, sol y manos. Los tonos rosados los ponen unos microorganismos que adoran la sal extrema; los flamencos, de escala migratoria, ponen el resto. Hoy la sal se cosecha de nuevo de forma artesanal — y la flor de sal de Janubio viaja a las mejores cocinas de España.

Hubo un tiempo en que la riqueza de esta isla se medía en blanco. Sin neveras, la única forma de conservar pescado era la sal, y Lanzarote vivía del mar: su flota faenaba en el banco pesquero africano, a un paso de aquí, y cada barco cargaba toneladas de sal para salar la captura a bordo. La sal era estratégica — como el combustible hoy — y la isla, con sol feroz, viento constante y costa baja, era una fábrica natural perfecta.

Las Salinas de Janubio, las mayores del archipiélago, nacieron a finales del siglo XIX sobre un regalo del volcán: las erupciones de 1730 cerraron una antigua bahía y la convirtieron en laguna — el lugar exacto donde el mar podía domesticarse. El sistema es una coreografía de ingeniería tradicional: el agua entra en la laguna, unos molinos de viento la bombean a los cocederos — estanques amplios donde el sol la va concentrando — y de ahí pasa a las tajerías, el mosaico de cuadrículas donde termina de evaporarse hasta cuajar en cristal. Los salineros "cosechan" entonces la sal a mano, con rastrillos, y la amontonan en pirámides blancas que brillan al sol como icebergs en miniatura. En sus mejores años, Janubio produjo alrededor de diez mil toneladas anuales y dio trabajo a cientos de familias.

Los colores que fotografías tienen explicación científica: en aguas hipersalinas solo sobreviven microorganismos extremófilos, y varios fabrican pigmentos rosados y anaranjados para protegerse del sol — cuanto más concentrada la salmuera, más intenso el rosa. El resultado es esa paleta imposible: balsas rosa chicle junto a balsas blancas y espejos añil, enmarcados en muros de piedra negra. La vida silvestre aprovecha el invento: chorlitejos, cigüeñuelas y, en las migraciones, flamencos que hacen escala convirtiendo la postal en escena africana.

La nevera doméstica jubiló al oro blanco a mediados del siglo XX y las salinas canarias fueron muriendo una a una. Janubio resistió, y hoy vive un renacimiento artesanal y gourmet: sal marina virgen y una flor de sal — los cristales finísimos que cuajan en superficie los días perfectos — que los chefs disputan. El conjunto está protegido como Sitio de Interés Científico, se puede visitar, y tiene hasta un hermano mayor y venerable: las pequeñas Salinas del Río, a los pies del risco de Famara, consideradas las más antiguas de Canarias.

Compra un paquete de sal al marcharte. Es el souvenir más honesto de la isla: paisaje, historia y océano Atlántico, cristalizados juntos.

Descubre Lanzarote con LMA

Más historias

Una isla esculpida por la naturalezaBlanco, verde y volcánico: la arquitectura de LanzaroteCésar Manrique: el artista que dio forma a una islaUn océano de aventurasLa vida bajo las olasMil años de historiasEl Sabor de un VolcánUna Playa para Cada Estado de ÁnimoVino Cultivado en CenizaLa Isla que Eligió ContenerseDonde los Atletas Vienen a SufrirLas Personas que Hicieron esta IslaLas Montañas del FuegoEl cangrejo ciego: blanco, diminuto y único en el mundoVisitantes ilustres: un palacio regalado entre reyes y la casa que Omar Sharif perdió a las cartas2.053 días de fuego: la crónica de las erupcionesCultivar sin lluvia: la ingeniería campesina que asombra al mundoEl jardín colgante de FamaraMedio volcán, un lago verde y una costa que rugeLos líquenes y las tabaibas: así vuelve la vida después de un volcánEl diablo de Timanfaya y la Virgen que paró la lavaHijos ilustres: el físico de Einstein, la voz de "El talismán" y el barbero de HaríaLa isla que los piratas no dejaban en pazEl viento que lo explica (casi) todoSurf: El Quemao, Famara y la ola que respetan los campeonesVela: navegar el mar de los alisiosPuerto del Carmen: el pueblito pesquero donde empezó todo (y la esquina de los loros)Sobrevivir sin lluvia: los trucos de las plantas costerasCriaturas de otro mundo bajo tus piesQuince millones de años: la veterana del archipiélagoMalpaís, lajial, hornitos: aprende a leer las lavasEl túnel de lava que se mete en el mar600 grados bajo tus zapatosDonde los astronautas aprenden a pisar otros mundosLa cochinilla: el insecto que tiñó de rojo a media EuropaLa Graciosa: la octava isla, sin asfalto y sin prisa¿Quién vive en la isla (y quién la visita)?Ciclismo: el gimnasio de invierno de los profesionalesEl calendario de la isla: un año entero de fiestas y eventosMareas: el océano respira dos veces al díaAloe vera: la farmacia verde de la islaLos guardianes de la isla: proyectos que la cuidanCuentos del diablo de TimanfayaLa mayor reserva marina de Europa está aquí al ladoMás allá del turismo: lo que la isla exporta